18 de abril de 2017

poemas de yehuda amichai

El mar y la playa

El mar y la playa están siempre juntos. Los dos
quieren aprender a hablar, aprender a decir
una sola palabra. El mar quiere decir “playa”
y la playa quiere decir “mar”. Se acercan, llevan
millones de años acercandose a la palabra, a la pronunciación
de la palabra. Cuando el mar diga “playa”
y la playa diga “mar”,
llegará la redención al mundo,
volverá el mundo al caos.



Los caminos son nuevos

Los caminos son nuevos, los zapatos
comprados ayer mismo, pero la marcha
es antigua y heredada.
Entendimos la llúvia sólo
cuando ya era verano y en el mundo
discutían de pasado y presente y futuro.
En el lejano valle se firmó una alianza.
Fábulas de hombres
contadas a los zorros.




Quiero vivir hasta que las palabras en mi boca no sean más
que movimientos y consonantes, tal vez sólo movimientos, sonidos suaves.
El alma que llevo adentro es ahora la última lengua extranjera que estudio.
Y quiero vivir hasta que todos los números sean sagrados,
no sólo el uno, no sólo el siete ni solamente el doce o el tres,
sino todos los números, veintitrés los caídos en la batalla de Huleikahat,
diecisiete kilómetros hasta el lugar encantado, treinta y cuatro
noches, ciento veintinueve días de gracia, mil trescientos años
de velocidad de la luz, cuarenta y tres momentos de felicidad
(y el número de años de mi vida sigue siendo X). Una historia de cuatro mil
años en los cuarenta y cinco minutos del examen final de la escuela.
Y no hay número para las noches y los días —pero habrán de tenerlo.
Y hasta el infinito será sagrado y entonces descansaré un reposo eterno.



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